Qué es el síndrome del bebé zarandeado: «El 10 % de los niños que lo sufren fallecen»
LA TRIBU

Los expertos advierten sobre los riesgos de agitar a un niño menor de dos años, por el tamaño desproporcionado de su cabeza y la debilidad de sus músculos cervicales
31 ene 2025 . Actualizado a las 11:45 h.La Asociación Española de Pediatría (AEP) define el síndrome del bebé zarandeado o sacudido como un conjunto de lesiones cerebrales graves que se producen como consecuencia de sacudir con fuerza a un niño menor de dos años. Este fenómeno es relativamente frecuente, con una incidencia estimada de entre 20 y 25 casos por cada 100.000 niños en todo el mundo. Es una forma de traumatismo craneal que puede destruir las neuronas e impedir que el cerebro reciba suficiente oxígeno. En algunos casos, puede llegar a causar la muerte.
Aunque muchas personas desconocen el peligro de agitar el cuerpo de un bebé, basta con unos segundos de movimiento brusco para generar daños devastadores en el cerebro aún frágil de un infante. Como explican desde la AEP, «la cabeza de los bebés es mucho más grande con respecto a su cuerpo que la de los niños mayores o los adultos, y de hecho, supone casi el 25 % de su peso. Los músculos del cuello son débiles e incapaces de sujetar bien la cabeza. Y su cerebro, más blando y con vasos sanguíneos más frágiles, es más vulnerable».
La pediatra Lucía Galán explica que «se producen microtraumatismos al golpear la parte posterior del cerebro con el hueso y eso da lugar a hemorragias y lesiones cerebrales». Esto se debe a que, al zarandear al bebé, el cerebro se golpea contra las paredes del cráneo, produciendo inflamación o sangrado en el cerebro, sangrado en la retina o lesiones de la médula espinal a nivel del cuello. La AEP advierte en este sentido que menos de cinco segundos de zarandeo son suficientes para provocar daño de esta gravedad, «que será incluso mayor si se termina con un golpe contra el colchón de la cuna o el sofá».

Causas
El motivo más frecuente para que un padre o cuidador llegue a sacudir violentamente a un bebé es el estrés que puede producir el llanto inconsolable y prolongado del niño. Esto genera frustración y enfado en muchos cuidadores, que llegan a zarandear al niño. «Otra causa es el intento de "reanimarlo" ante una situación que el cuidador entiende como amenazante para su vida, como un espasmo del sollozo, un atragantamiento o un ataque de tos», señala la AEP.
A pesar de su gravedad, el síndrome del bebé sacudido sigue siendo una problemática subestimada en muchos entornos familiares. Profesionales de la salud, pediatras y organizaciones de protección infantil insisten en la importancia de la prevención, ya que el daño es completamente evitable si se educa a los cuidadores sobre el manejo seguro del estrés parental y las formas adecuadas de calmar a los bebés.
Con todo, los pediatras aseguran que este síndrome no es algo que pueda ocurrir ante situaciones cotidianas. «Lanzar al bebé al aire jugando no conlleva riesgo de daño cerebral, siempre y cuando el juego no sea muy violento, como lanzar de manera repetida a alturas mayores a 20 centímetros», señalan. Sin embargo, advierten que hay que evitar este tipo de juegos «porque el niño se puede caer y lesionarse».
Efectos del zarandeo
Las consecuencias del síndrome del niño zarandeado frecuentemente pueden permanecer a largo plazo. Galán destaca que «el 10 % de los niños con este síndrome fallecen». En aquellos que sobreviven, la mitad sufren secuelas graves e irreversibles, como parálisis cerebral, problemas cognitivos del desarrollo, ceguera o epilepsia.
Por otro lado, los niños que han sido sacudidos de manera repetida, aunque con menor intensidad, pueden desarrollar trastornos del aprendizaje, problemas para aprender a hablar o falta de coordinación motora.
Prevención
La AEP sostiene que el síndrome del niño zarandeado se puede prevenir «en todos los casos», ya que se trata de un daño infligido por un adulto al bebé. «Hay que recordar que, aunque no haya intención de hacerle daño, la fuerza de un adulto resulta más que suficiente para provocar lesiones graves en un bebé», señalan.
Por eso, hay que tener en cuenta que, si un niño deja de respirar, el procedimiento indicado nunca es agitarlo para reanimarlo. «Hay que cogerlo en brazos colocándolo boca abajo o manteniéndolo sentado, inclinado hacia delante y sujetando la cabeza; se le puede frotar la espalda o darle golpes suaves con la mano abierta», aconsejan desde la AEP.
En caso de llanto prolongado, algo que en bebés menores de tres meses suele estar asociado a cólicos, lo más adecuado es intentar aliviar al niño transmitiéndole tranquilidad. «Un suave masaje en la espalda o en el abdomen puede ayudar. Algunos se encuentran más a gusto envueltos en una manta y en contacto estrecho con su cuidador, mientras que otros prefieren estar más libres. A veces el llanto se calma meciéndolo suavemente, columpiándolo en una hamaca o dando un paseo en su cochechito o en automóvil», indica la asociación.
Si el bebé sigue llorando sin causas aparentes, puede ser necesario acudir al pediatra, para encontrar la razón detrás del llanto. En muchos casos, esta manifestación puede estar relacionada con dolor o con el inicio de una enfermedad. «Si nos ponemos nerviosos, hay que tener en cuenta que el zarandeo puede provocar estas lesiones irreversibles», subraya la doctora Galán en sus redes sociales.
«El llanto frecuente y prolongado de un bebé puede alterar considerablemente la vida familiar, pues el cansancio y la preocupación se van acumulando progresivamente. Por eso es importante tener en cuenta el necesario descanso de madres y padres, relevándose en su cuidado, buscando apoyo de algún familiar e incluso, si es posible, dándose algún día de "vacaciones" en el cuidado del bebé», recomiendan.