
Si una se cría en un hotel, es la menor de seis hermanos y las comidas familiares son una fiesta, es lógico que se incline por la gastronomía y la hostelería. Si además es inquieta y creativa, puede hacer de la creación de espacios y ambientes y de los eventos sociales una forma de vivir. Es lo que hizo Graciela Castro a través de Onyvá, una empresa de la que ella misma es su propia marca
07 abr 2019 . Actualizado a las 05:00 h.Graciela Castro (O Grove, 1984) se crio en el hotel de sus padres, así que no es de extrañar que, a la hora de elegir estudios, se decantase por la gestión de empresas hoteleras en el Centro Superior de Hostelería de Galicia. Pero no para realizar tareas tradicionales ni desempeñar trabajos convencionales, porque su inquietud, su creatividad y su pasión por lo que hace, no se lo permiten. A Graciela Castro lo que le gusta es crear ambientes, organizar encuentros sociales y sorprender a sus clientes. Así nació en el 2012 su empresa de eventos, Onyvá. En los años de la crisis la aparcó, se fue a Londres y se empapó de nuevas ideas que, a su regreso en el 2017, puso en marcha en Galicia. ¿Les suenan las cenas clandestinas? Ella es la responsable.
-¿Qué pasa en las cenas clandestinas?
- Pasa un poco de todo. La gente viene sin saber dónde va a cenar, ni con quién, ni qué. Yo quedo con ellos en un sitio y al principio todos se muestran muy tímidos, pero empiezo con un juego para que busquen el sitio, luego los invito a que se presenten y poco a poco se van sintiendo más cómodos; interactuamos para romper el hielo, cenamos y, al final, siempre hay una sorpresa; un mago, una actuación musical...
-¿Y los Sunday Drama?
-Cuando estaba en Londres, los domingos siempre eran un drama; no había nada que hacer, a alguna de mis compañeras de piso le pasaba algo... Así que decidí organizar un brunch e invitar a gente, y todo era muy divertido. Pensé que aquí tenía que hacer lo mismo y darle vida a los domingos, que se quedan las calles barridas. Ya organicé varios y lo pasamos muy bien, estamos hasta las nueve de la noche. Ahora mismo es lo que más me motiva de lo que hago; es agotador, pero disfruto mucho.
-¿Y los «meetups»?
-Están pensados para que se conozca gente. Así como en las cenas clandestinas no miro mucho que coincidan los perfiles, en los meetups, o cuando hice el día de los desenamorados, procuro que sean compatibles porque luego siempre se hace un grupo de amigos, una pareja... Ya llegó algún caso a mis oídos; y alguno, cerca.
-¿Le ha dejado un hueco a la gastronomía?
-También, sí. Colaboro con Tip Travel con tours gastronómicas para turistas, para que conozcan nuestra gastronomía desde el punto de vista local, recorrer las tabernas típicas, visitar el mercado y acabar con un cocido, por ejemplo. Sitios que no salen en las guías turísticas y que les encantan, como beber un vino en una cunca con una tapa de pulpo.
-¿Tiene nuevas ideas en mente?
-En junio voy a hacer con Sonia de Gerónimo, una amiga mía que es diseñadora, el mercado La crème de la femme, en O xardín de Julia. Lo hicimos hace dos años y vamos a repetir. Es un mercado de artesanía, pero liderado por mujeres. También voy a hacer otra vez el Sunday Drama, y en verano, un showroom en el Náutico de San Vicente, que también hice otras veces, es un mercado de artesanía y diseño. Ahora hay muchos, pero cuando yo empecé no se hacía, y este es muy especial, porque es en verano y lo hacemos al lado del mar.
-¿Es una manera de desarrollar su vena artística?
-Yo no pinto ni soy actriz, pero sí que soy muy creativa. Cuando trabajaba para otros me sentía frustrada por no poder desarrollar mi parte creativa. Al final, acaban siendo todos los días iguales y yo no puedo con eso, siempre quise hacer algo por mí misma, eso fue lo que me animó a crear la empresa.