Dice Lucía Méndez que la nueva política es como la vieja y no le falta razón, la relación que practican Unidos Podemos y Ciudadanos es la quintaesencia de la confrontación posfranquista que nos enseñaron el PP y el PSOE, aquella en la que hay que aniquilar al rival electoral. Los de Iglesias no entienden que les conviene la progresión de Ciudadanos, porque es a costa del PP, pero los de Rivera tampoco entienden que si quieren ser algo más que un riverismo de dos millones de votos ha de ser, precisamente, ocupando espacio en el lado derecho y a costa del PP. Albert Rivera nos habla del nuevo centro político, un objeto extraño en la Unión Europea del siglo XXI y un error mayúsculo, porque en ese lugar estás muy cerca de los socialistas, eres chico para todo y el que es de derechas, no te vota. Rivera quiere ser Adolfo Suárez y no Sarkozy, en definitiva, y ese es el factor que ya está entorpeciendo el dimensionamiento de su formación. Su oportunidad de mercado consiste en devolver el orgullo a los electores liberales o conservadores, demócratas y decentes, que votaron al PP el 26J incluso tapándose la nariz. Para reunir cinco millones de personas en dos años y desplazar a los populares a su espacio natural, que es el de la derecha autoritaria, donde representan sin complejos a otros cinco millones de electores.
Pero la vida sigue al hilo de la actualidad y aunque han cambiado algunas cosas, parece que no tantas ni tanto. Esta es la conclusión a la que van llegando los periodistas especializados, que son quienes conocen el alcance real del poder legislativo. Porque el Parlamento puede aprobar la revalorización de las pensiones, pero la materialización de esta iniciativa dependerá de los presupuestos que aprueben las Cortes, lo que tiene que suceder con los votos del PP, Ciudadanos y el PSOE.
Los Presupuestos Generales del Estado no pueden ser aprobados por el PP, Ciudadanos, Coalición Canaria y seis diputados más, porque esos diputados representan a personas cuya identidad es distinta de la española, circunstancia que niegan los autoproclamados constitucionalistas, el PP, el PSOE y Ciudadanos. Lo que resulta ridículo, porque los votantes de ERC, CUP o EH-Bildu no son hologramas. Pero, sobre todo, porque hay otros electores que son habitantes de un Estado plurinacional del suroeste de la Unión Europea y votaron a Podemos el 20D y a Unidos Podemos el 26J, o no votaron, pero son madrileños, murcianos, salmantinos, cordobeses, lucenses y toledanos. Constitucionalismo uninacional excluyente y ridículo en la Unión Europea del siglo XXI el del triunvirato español, además de muy torpe, porque plurinacionalidad no es secesionismo, lo es su negación.
Las cosas están cambiando, muchas y mucho en términos de cultura política y del comportamiento electoral, lo que define esta legislatura como de prácticas. Aprenderán primero a escucharse, luego a respetarse, después a aproximarse y finalmente a alcanzar acuerdos para la siguiente, porque esto está muy verde.