
La única razón por la que Mónica Oltra estaba obligada a dimitir, y por la que su gesto es más tardío que ejemplar, es porque ella misma marcó su destino el día que se encaró
La única razón por la que Mónica Oltra estaba obligada a dimitir, y por la que su gesto es más tardío que ejemplar, es porque ella misma marcó su destino el día que se encaró