Sonia Iglesias: una desaparición en un callejón sin salida trece años después
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PONTEVEDRA
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Sonia Iglesias se esfumó sin dejar rastro el 18 de agosto del 2010 en el centro de Pontevedra. La investigación nunca encontró pruebas concluyentes y el único imputado falleció hace tres años
22 ago 2023 . Actualizado a las 20:07 h.¿Qué ocurrió entre las 10.15 y las 11.45 horas del 18 de agosto del 2010? Esta pregunta sigue sin respuesta. Aquella mañana Sonia Iglesias desaparecía para siempre. Nunca se supo lo que en realidad ocurrió después de que su pareja, Julio Araújo, la dejase en el centro de Pontevedra para hacer unos recados antes de incorporarse a su puesto en Massimo Dutti. Nunca llegó a la tienda. Con el fallecimiento del único imputado en la desaparición de la pontevedresa se enterraron buena parte de las opciones de llegar a esclarecer qué pasó ese miércoles de agosto.
La policía reconstruyó sus pasos sin llegar a ninguna conclusión sobre un caso que llegó a calificar de inquietante por los pasos que siguieron. Tras desayunar con Julio en la cafetería El Albero, ese miércoles Sonia acudió a una zapatería en Arzobispo Malvar y unos metros más arriba se despidió de él. Los últimos testigos confirman que la vieron sobre las 11.30 horas en la calle Oliva, pero desde entonces, no se volvió a saber nada más y su desaparición se convirtió en un quebradero de cabeza que todavía hoy sigue vivo. Se revisaron cámaras y se tomaron declaraciones, pero ninguna prueba fue concluyente.
Casi dos años después de su desaparición, Julio Araújo fue imputado. Fue el primer gran giro que sufrió un caso que años después sería archivado. La Audiencia decretó el sobreseimiento provisional en abril del 2015, pero daba la posibilidad de reabrir el proceso si había nuevas pruebas. La investigación policial se mantuvo abierta y tres años después, en febrero del 2018, volvía a la primera plana con los registros policiales a una de las propiedades de Julio Araújo. Esa reapertura del caso trajo consigo catas en los terrenos anexos y una búsqueda sin éxito de pruebas que permitiesen inspeccionar el panteón familiar. Tampoco entonces pudieron encontrar nada que lo relacionase con la desaparición de Sonia Iglesias.
Durante todos estos años, la Policía Nacional ha lidiado con miles de informaciones que situaban a Sonia en distintos puntos del territorio nacional e incluso recibieron cartas anónimas y la de un preso de A Lama que aseguraba tener datos que ayudarían a esclarecer lo ocurrido. Todo volvió a acabar en un callejón sin salida.
Tras reconstruir los últimos pasos de Sonia y después de haber encontrado la cartera en una zona próxima al asentamiento de O Vao, no hubo ningún indicio más que acercase a los agentes al paradero de la pontevedresa. Con cada giro de la investigación, la familia veía una posibilidad para intentar saber la verdad. En la última concentración que organizó la familia el 30 de agosto del 2019, su hermana, Maricarmen Iglesias, que durante estos años ejerció como portavoz de la familia, reconoció en una A Ferrería abarrotada que «luchaban para que quedar impune no sea una opción para el asesino de Sonia». Defendía que el «culpable recibirá su castigo». Pero esa voluntad por querer esclarecer el caso sigue sin respuesta.
Muerte de Julio Araújo
En septiembre del 2020, diez años después de la desaparición, Julio Araújo fallecía a los 62 años víctima de un cáncer. La sospecha recayó sobre él durante muchos años, pero nunca se pudo confirmar su posible implicación. Colaboró con la justicia desde el primer momento, pero no se encontraron pruebas contra el que fuera compañero sentimental y padre del único hijo de Sonia. Este, en el momento de la desaparición, era un niño que acababa de hacer la comunión. Diez años después de lo ocurrido, fue precisamente él, ya mayor de edad, quien inició los trámites judiciales para que se declarase oficialmente el fallecimiento de su madre. En marzo del 2021, el Boletín Oficial del Estado (BOE) publicó el anunció del expediente que se resolvió meses después. En mayo de ese año, el Juzgado de Primera Instancia número 5 de Pontevedra, con competencias en familia, emitió el decreto declarando oficialmente la muerte de Sonia Iglesias Eirín, que desapareció el 18 de agosto del 2010 cuando tenía 38 años.
Esa declaración no afectó a la investigación, que todavía sigue viva. El documento fija el 1 de enero del 2021 como la fecha oficial de la muerte de Sonia. A efectos legales se produce la paradoja que Julio Araújo falleció tan solo unos meses antes que ella, en septiembre del 2020.
Hoy, trece años después de la desaparición, el caso sigue sin esclarecerse. Poco se sabe sobre lo qué ocurrió. Ni los interrogatorios a quien fue su pareja, ni los sondeos con georradar en las fincas, ni los testigos consiguieron arrojar algo de luz sobre un misterio que cada día se antoja más complicado de resolver. Poco antes de que su hijo solicitase la declaración de fallecimiento, la Brigada de Delitos contra las Personas de la Comisaría General acudió para inspeccionar un pozo que apareció tras desbrozar una finca en Barro. Una vez más, esto devolvía al mismo callejón sin salida un caso que conmocionó a la sociedad pontevedresa en un caluroso miércoles de agosto de hace trece años.