¿Tienes un «piti»?

SOCIEDAD

21 nov 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

ASÍ como no existe explicación coherente que arroje luz sobre la composición cromática exacta del color favorito de las madres, que es el famoso «color sufrido» que puede con todas las manchas, nadie sabe tampoco porqué hay sólo una cosa en el mundo que la gente se atreve a pedir sin avergonzarse: un pitillo. ¿Qué pasa con el tabaco? ¿Qué extraña y sutil hermandad universal le ampara y eleva como único elemento que casi todo el mundo gorronea sin sonrojarse? A unos les costará más y a otros menos, pero en la vida siempre hay un momento para romper el hielo por unas caladas de nicotina. ¿Tienes un pitillo? es una pregunta que prácticamente todos los fumadores han formulado a conocidos y desconocidos, en un «apuro», unos, y en pequeños instantes de morro eterno, otros. Habiendo como hay decenas de cosas que uno puede necesitar o le pueden apetecer en un momento dado, nadie se atreve a preguntar, por ejemplo, si le dejan un Kleenex porque se le están cayendo los mocos, si le prestan una compresa porque se nota que traspasa, o si le pasan una revista mientras espera a que llegue el autobús. No. Lo único tangible que no nos abochorna pedir es tabaco, o fuego. Bueno, y la hora, en el apartado de intangibles. Todo lo demás está mal visto. Es muy extraño. Ni siquiera somos capaces de parar a alguien por la calle para preguntarle si tiene un chicle o un caramelo. Fumar ya no da buena imagen, ni en exteriores ni en interiores. Pero la vía pública es uno de los pocos espacios no afectados por las restricciones a los humos. No sólo es el mejor lugar para fumar. También lo es para fumar gratis.