
El templo ultima en el 800 aniversario de su consagración el nuevo museo
23 feb 2025 . Actualizado a las 05:00 h.La catedral de Tui ha instalado un circuito cerrado de cámaras de seguridad y alarmas para que operen las 24 horas y preservar así el valioso patrimonio que custodia. El deán de la seo tudense, José Diéguez Dieppa, ha subrayado la importancia de esta medida, afirmando que «lo único que quiero es no dejar ni un día sin seguridad la catedral». En la entrada del templo, los carteles ya informan de que la zona está vídeo vigilada, una medida que ha sido recibida con agradecimiento por parte de los fieles y peregrinos. Antes hubo cámaras en la sala de investigación del archivo, indica, «pero llevaban ya mucho tiempo estropeadas».

El ambicioso proyecto TUDE, que consolidará un Museo Catedralicio-Diocesano de referencia internacional y devolverá el esplendor a espacios históricos hasta ahora poco accesibles, ya preveía un completo sistema de seguridad. El protocolo se ha adelantado en la catedral a raíz de la denuncia de un supuesto robo, confirma el deán, sin entrar a valorar el caso que investiga la Guardia Civil y remitiéndose al comunicado del Obispado. La Diócesis de Tui-Vigo confirmó que «no falta nada del inventario de la catedral ni de su museo» y que el incidente se circunscribiría a pertenencias del archivero o bienes donados para libre disposición en favor de la Iglesia».
Varias de las «joyas» de la corona de la madre de todos los templos de la diócesis están siendo restauradas para su puesta a punto de cara a la inauguración de TUDE, el nuevo museo catedralicio diocesano que se estrenará este año, en el 800 aniversario de la catedral. Una celebración que comenzará el 30 de noviembre de 2025, día de San Andrés, coincidiendo con el aniversario de su consagración por el obispo de aquel momento, Esteban Egea.

El nuevo museo reunirá el conjunto de ambos museos, fundados en 1976, y que ahora están dentro de la catedral y reúnen más de 2.000 obras, algunas de ellas han participado en reconocidas exposiciones como Pergamino Vindel, Galiza no tempo o las exposiciones de Lisboa y Barcelona. En el catedralicio, notables obras de orfebrería litúrgica, mude las manos de plateros judíos conversos de los siglos XVI y XVII. Entre esas joyas expuestas se incluyen «el Cáliz Gótico del siglo XV o el del obispo Diego de Torquemada, del XVI, así como la monumental Cruz Procesional de principios del siglo XVI, el Cáliz de los Evangelistas de 1602 o el emblemático Barco de San Telmo, pieza de orfebrería del siglo XVIII de Simón Pérez de la Rocha», destaca el deán. En el archivo catedralicio, añade, se conservan documentos de incalculable valor histórico, como los códices El Pasionario Tudense que recoge la Misa Medieval de San Telmo, una partitura inédita de canto gregoriano en notación aquitana sobre línea roja. También menciona El Pontifical Miniado, la Carta Foral sobre la fundación de la ciudad» y El Privilegio de la Infanta Urraca del año 1071».
Un elemento singular del conjunto es la Capilla de San Telmo, también conocida como Capilla de las Reliquias, donde se custodian vestigios de santos de profunda veneración en la tradición cristiana. No solo las de San Telmo sino otras como las de San Juan de Ávila, de la beata portuguesa María Clara, fundadora de Las Hospitalarias, o del salesiano Salvador Fernández.
El Museo Catedralicio-Diocesano TUDE creará una narrativa en la que las obras expuestas ayuden a comprender el contexto histórico, el conjunto catedralicio, los vínculos con Portugal y la temática de la evangelización en la diócesis, extendida más allá de sus fronteras en un marco adecuado. Una propuesta museística de vanguardia «que permitirá interpretar también el edificio, su evolución y cómo dialoga con los espacios de la propia ciudad», señala el deán. Integra todos los elementos arquitectónicos de singular belleza y valor histórico, como el claustro gótico ojival de los siglos XII-XIV, el paseo de ronda con sus espectaculares vistas sobre el Miño o la monumental torre de san Andrés, construida en 1419 por el obispo Juan Fernández de Sotomayor. El proyecto no solo fortalece aún más el conjunto patrimonial sino que reafirma a la catedral de Tui como un faro de espiritualidad, historia y arte en el corazón del Camino Portugués a Santiago.

Los últimos robos se remontan al siglo XVIII y en ambos casos se recuperó el botín
El doctor en Historia, Suso Vila, ha documentado los robos y saqueos que intentaron poner en peligro el patrimonio de la principal fortaleza de la diócesis.
A lo largo de su historia, indica, se produjeron diferentes robos, como durante las guerras nobiliarias del siglo XV, pero uno de los latrocinios más sonoros se produjo en 1752. Ese año, una banda aprovechó la ausencia de obispo para forzar el antiguo portal de carros del palacio y desde el claustro forzar la puerta que conduce al interior catedralicio. El objetivo de los ladrones era la sala capitular, lugar donde se guardaban los ingresos de rentas y censos del obispado. Más de 180.000 reales en moneda de oro y plata se llevaron, advierte.
Las investigaciones se sucedieron, «pero sin éxito». Por eso se propuso una rogativa al convento de San Francisco y pedir a San Antonio su intercesión. Un capellán acudió días después con 25.000 reales procedente de uno de los ladrones arrepentido. Rumores recogidos posteriormente señalaban que buena parte de lo robado pudo recuperarse, explica Vila. Otro de los robos más sonoros de la catedral no estuvo relacionado con su tesoro, sino con uno de los castigos aplicados por la Inquisición: los sambenitos. En octubre de 1763 desaparecerían los sambenitos de Antonia Sarabia y Antonia Henríquez. El hurto estaba relacionado con los antecedentes de una familia judeoconversa de Baiona y el proceso de matrimonio del novio perteneciente a una familia hidalga de Gondomar. El robo permitiría la boda, pero en la catedral se realizarían medidas para evitar más saqueos de ese estilo. Los sambenitos sustraídos se volvieron a pintar y se colocaron de nuevo junto al resto, sobre la puerta norte de la catedral de Tui.